RECICLA O ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.

Publicado por Ernesto Talens Martinez

Parece, últimamente, que a algunos políticos les ha picado el gusanillo del ecologismo. Ya no saben qué hacer para que la ciudadanía vea que ellos también se preocupan por el medioambiente. La última “idea” es rebuscar entre las basuras de los ciudadanos para detectar quienes reciclan y quiénes no. Así está ocurriendo en la localidad catalana de Sant Sadurní de Anoia, gobernada por CIU. Más de un centenar de familias han sido sancionadas con multas que rondan los 90 euros. Para ello, los técnicos municipales, tienen potestades para escarbar entre los desperdicios de sus conciudadanos. Estos “waste finders” municipales rebuscan entre la basura no solo para certificar quién recicla y quién no, sino que, en el segundo de los casos buscan información para identificar al antiguo propietario de dichos desperdicios. Para ello no dudan en hacerse con facturas de teléfono, cartas, apuntes del colegio o la universidad o recibos del banco. Una medida de dudosa legalidad. Un ataque a la intimidad de las personas. Un "waste finder" puede saber hasta que marca de calzoncillos gastas. La cuestión no finaliza en Sant Sadurní de Anoia, sino que se extiende de igual manera hasta la capital de España. Aquí, el gobierno municipal (PP) adopta el mismo esquema: no reciclas = sanción. Aunque en este segundo caso las sanciones son notablemente más elevadas, pudiéndose llegar a una multa de 750 euros por no separar la basura. Excesivo a todas luces. La ordenanza madrileña tiene prevista su entrada en vigor en la próxima primavera del 2009.
Las medidas puestas o a punto de ponerse en funcionamiento por los ayuntamientos de Sant Sadurní de Anoia y Madrid no son ciertamente medidas innovadoras, existen precedentes. El semanario dublinés Northside People abría su portada hace unos años con el siguiente titular: Fear on the doorsteps, lo que puede traducirse como miedo en la puerta de casa. Y no era para menos. Los vecinos de una barriada de Dublín se enfrentaban a la justicia, precisamente, por la misma razón que los ayuntamientos de Sant Sadurní de Anoia y Madrid sancionan a sus vecinos: no reciclar la basura. La legislación medioambiental irlandesa pasa por ser una de las más exigentes de toda Europa, incluso por encima de la Alemania gobernada por la coalición de verdes y socialdemocratas de Fischer y Schröder. Pero a nadie se le ocurre sancionar por no reciclar.
La casualidad ha querido que tanto Isidor Rando, Ana Botella y, hace unos años Mr. Cullen formen parte de partidos políticos a los cuales la teoría política tacha de conservadores, demostrando una vez más los complejos anclados en la vieja derecha europea. Ser ecologista no es una cuestión de izquierdas ni de derechas, es una cosa que nos atañe a todos, sin excepción, a la humanidad en el sentido más amplio de la expresión. Irlanda es un caso paradigmático. Lejos de aprender de errores nos empeñamos en repetirlos. La experiencia nos ha enseñando que los propios irlandeses acabaron poniendo basura en las bolsas de sus vecinos o echando sus desperdicios al mar. El efecto fue evidentemente el contrario. Temo, pues, que otros errores de la política medioambiental irlandesa puedan repetirse en España, tal es el caso de las "tax bags", que hicieron desaparecer las bolsas de plástico enviando a la ruina a los que las fabricaban.
Parece pues, haberse creado una extraña conciencia medioambiental de trapo, instalada en la, para nada recomendable, ansia de sancionar. Lejos de premiar se opta por multar. ¿Es eso conciencia medioambiental o simple afán recaudatorio?. ¿Quieren las administraciones volcar sobre los ciudadanos la responsabilidad del fracaso de sus políticas medioambientales? No es esta la politica medioambiental que quiero. Por inútil y dañina. Cada vez más la ciudadanía y los expertos se están dando cuenta de que todo no puede ser reciclado indefinidamente, que el proceso de recogida selectiva y su posterior reciclado no es la panacea universal que nos va a salvar del cataclismo que se avecina. A estas conductas individuales de reciclado deben acompañarse campañas de sensibilización, mayor acceso a los contenedores de recogida selectiva, una reducción paulatina de nuestros propios residuos y una opción sensata a los técnicamente llamados “residuos impropios”, la incineración.