A lo largo de esta semana han aparecido numerosas noticias respecto a la indiscriminada matanza de focas en Canadá. A lo largo de las siguientes semanas numerosos operarios de las empresas que comercializan la preciada grasa y la hermosa piel de foca, palo en ristre, abordarán los plácidos baños de sol de numerosas focas con la “sana” intención de partírselo en el cráneo. El gobierno de Canadá lo permite, es más, son tan generosos que se permiten establecer cupos: 200.000 aproximadamente para el sector comercial y otras 10.000 para los aborígenes. Coincidimos todos que la caza de la foca ha venido practicándose, de manera prácticamente inalterable desde hace siglos, que es básica para la subsistencia de las economías locales pero muy lucrativa para ciertas mercantiles, de acuerdo; que conviene controlar la superpoblación de focas: no tan de acuerdo. Si todo eso se entiende o puede llegar a entenderse en un ejercicio de flexibilidad, lo que no se entiende, es la excesiva brutalidad con la que se emplean los cazadores, extendiendo un tupido manto rojo, de sangre, sobre el blanco tapiz ártico a base de mandoblazos de palo.No dudo, por otro lado de la excesiva doble moral de algunos grupos ecologistas que aprovechan la ocasión para atacar a los sistemas capitalistas, pidiendo boicots a diestro y siniestro siendo Canadá un gran país, cuya mayor parte del territorio tiene un valor ecológico incalculable, muy celosamente protegido por sus autoridades, un autentico pulmón de oxigeno mundial, uno de los mayores caladeros mundiales de pesca, aunque, a veces, cometan el error de pensar que los recursos naturales que poseen son suyos. ¿Alguien recuerda el conflicto del fletán con España? Llegaron a bombardear barcos españoles. Los recursos naturales vivos son valores mundiales; sí es cierto que están sobre territorio soberano canadiense, lo que les obliga doblemente a cuidarlo y a protegerlo. Canadá es ciertamente respetuoso con los tratados internacionales respecto a la caza de ballenas, goza de grandes reservas de oxigeno donde puedes acabar en la cárcel por entrar simplemente sin autorización, ratifica prácticamente la totalidad de los tratados internacionales en materia de recursos medioambientales, pero se comporta puerilmente con el tema de las focas. Lo circunscriben a una mera cuestión económica. Solo ver como las focas tratan de huir o son varias veces golpeadas antes de morir hacen que nos paremos un ratito a reflexionar.
No pido el boicot para Canadá, es un gran gran país, respetuoso con el medioambiente, más que España, sancionada varias veces: por el tema de la eliminación de los residuos peligrosos o por las emisiones de gases de efecto invernadero por citar dos ejemplos. Pido sensibilización con la matanza indiscriminada de animales y pido reflexión sobre la doble moral de algunos pseudo-ecologistas: no podemos comparar las corridas de toros con la matanza de focas en el ártico canadiense o la masacre de ballenas por parte de Japón o Noruega con arpones explosivos. Denuncio desde aquí esta doble moral que me parece aberrante, máxime cuando en nuestra propia nación se asesinan innumerables canes viejos porque no son útiles ya para la caza, asesinados con el sencillo método de echarles la soga al cuello, si me permitís esta expresión castellana. La única diferencia es que no hay cámaras para documentar esta atrocidad, pero estar está ahí, inamovible y real como la vida misma. Pido una interna reflexión sobre estos temas frente a la vociferante beligerancia de estas ong’s que solo buscan publicitarse un ratito en “prime time”. Que cada uno adopte las humildes medidas que estime oportunas, que no compre pieles naturales, sino sintéticas, que no coma carne de ballena o de vaca, que haga lo que quiera, pero que reflexione seriamente y que no financie los grotescos espectáculos de estas ong’s.
0 comentarios:
Publicar un comentario