Comunmente se conoce al medioambiente como aquel espacio donde el ser humano se desenvuelve habitualmente. Podemos entender este concepto desde varias perspectivas, no obstante, ultimamente, se nos escapa un matiz que requiere analisis: El espacio donde el ser humano se desenvuelve con habitualidad es un ambiente ficticio, impuesto socialmente tras años de progreso y evolución, es lo que genericamente llamamos civilización. Por tanto, la normativa y los comportamientos que los hombres y mujeres desarrollamos en interacción con dicho espacio, dista cuanto menos, de ser natural. La normativa y las obligaciones impuestas desde la Administración o el poder politico van dirigidas,. en su mayor parte a modificar este comportamiento; pero que, habitualmente choca con conductas aprehendidas durante siglos. Por contra el ser humano se desenvuelve en varios ambientes, que dificilmente coinciden con las delimitaciones administrativas o politicas. De ahi que podamos afirmar que la defensa del medioambiente es mas complicada cuanto mayor es el grado de "civilización" que nos rodea; en este sentido, ha quedado demostrado que cuanto menor sea la presión demográfica más facilidades podrán hallarse a la hora de modificar estos comportamientos aprehendidos, y mayor éxito tienen las iniciativas medioambientales; en caso contrario, cuanto mayor sea esta presión demográfica mayor es el reto de las administraciones y mayor la exigencia de coordinación entre ellas.
Si, como dice la herencia filosofica clásica, "el hombre es un animal social", podremos determinar que, la mayoria de las normas medioambientales, que son de aplicación directa sobre el individuo, están erroneamente planteadas.
Partiendo desde este primer punto: la demografia juega un papel importantisimo en la defensa del medioambiente; pero no existen politicas de control demografica enfocadas a este aspecto, sino solamente auspiciadas por concretos fines economicistas.
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