La Comunidad Valenciana goza de numerosos paraisos y zonas de alto valor ecológico. Si hicieramos una encuesta en el resto de España posiblemente uno destacaría sobre otros, no por ser mejor, más bonito o evocar hermosos sentimientos, sino sencillamente porque se ha escrito bastante sobre él. Sin duda este gran favor se lo debemos a Don Vicente Blasco Ibañez. Me estoy refiriendo a la Albufera de Valencia.
Todo el mundo sabe que las albuferas son concentraciones de agua, separadas del mar por un itsmo de tierra, no obstante su agua es dulce. A ello se debe a que se depositan numerosas corrientes del Turia y del Jucar.
No obstante poca gente sabe que, antiguamente, en la Albufera existían 3 islas: El Palmar, El Astell y la Isla del Tesoro (por creerse que allí escondian sus tesoros los piratas). Hoy en día solo queda la del Palmar.
Hoy en día nadie duda de que la Albufera de Valencia es un bien de dominio público, disfrutable por todos y todas, no obstante eso no fue siempre así:
Pese a que, desde muy pronto, historiadores como Plinio, Estrabón o Festo Rufo Aveno, mencionaron en sus escritos ciertas referencias a lo que podría ser Nuestra Albufera, la primera referencia historica sería la podemos encontrar en Jaume I "El Conqueridor", quién en el "Llibre del Repartiment" se la reservó como patrimonio personal, así como la Dehesa (del Saler) adyacente. La verdad es que no puedo imaginarme como sería en aquella época, pero si ahora es bonita...entiendo la actitud del Rey.
Así pues, quedó incorporada al patrimonio real, salvo escasos periodos de tiempo que pertneneció al Conde de Torres y Marqués de Cullera (1708-1761); a Godoy (valido del Rey) de 1798 a 1808; al Mariscal Suchet, duque y señor de la Albufera (1812-1865); hasta que en en esa fecha, paso al Patrimonio Nacional, siendo adquirida por el Ayuntamiento de Valencia en 1911.
La albufera, no solo es curiosa por su biodiversidad, por sus hermosisimas puestas de sol, por su aroma especial entre sal y arroz, no, la albufera también guarda grandes tesoros, no estrictamente visibles. Ya en 1283, Pedro I de Valencia dispuso por privilegio de 2 de diciembre ciertas reglas bajo las cuales se ordenarian algunos aspectos de la gestión del lago. A resultas de este privilegio, nació, por decirlo así, porque algunos historiadores defienden que es mucho anterior, LA COMUNIDAD DE PESCADORES DEL PALMAR (aunque en aquella época se llamase, comunidad de pescadores de la Ciudad de Valencia).Entre las cuestiones a regular, contenido que conocemos por documentos posteriores a Pedro I, pero que parece ser ya regían con este Monarca, estaban los turnos, las transmisiones de los derechos (entre hombres unicamente hasta hace bien poco), la pesca nocturna o el tamaño de las capturas....
Si nos detenemos en este último aspecto, podríamos estar ante una de las primeras normas medioambientales propiamente dichas. La verdad es que parece dificil creer que hubiera una verdadera conciencia medioambiental en la alta edad media, lo que si es cierto es que existia cierto rechazo a las capturas excesivamente pequeñas; ya fuere por conciencia medioambiental o sencillamente una intención de no agotar los recursos, en aras de permitir la subsistencia de los propios pescadores.
Sea como fuere, medioambiental o estrictamente mercantil, el Real Privilegio, posee ciertas connotaciones que, aunque con dificil encaje en una normativa estrictamente medioambiental, posee cierto aroma a respeto por el entorno y sus leyes naturales. Al fin y al cabo, el actual slogan del FROM "pezqueñines no, gracias", no se debe en esencia, a las mentes de un selecto grupo de publicistas, sino a una bizarra comunidad de pescadores que tenia su corazón puesto en la Albufera de Valencia.
"Nada nuevo bajo el sol"...o casi.


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